Rosa María Smith

El personaje

Rosemary Smith, o «Posie», como le dicen cariñosamente, nació hace treinta años en Nueva York. Estudió en el Mary Mount hasta que se enamoró y se casó, que es el destino fatal o maravilloso de las mujeres. Tiene cuatro hijos: Norman y Nancy, que son gringos; el «gran» Michael y Mary-Jo, que son paisas. Vive en Medellín hace quince años, en una casa de Los Sauces, a dos kilómetros de Envigado, y a uno de la casa de Fernando González, en Otraparte. Ella era, y es, una de sus más devotas y fervientes discípulas, y sigue fiel a la vida y la obra del maestro.

Bajo los pisquines, los sauces, y entre las avenidas de naranjos enanos, esta gringa inquieta hizo el más risueño curso de filosofía viviente junto al bastón del ascético viajero de Envigado. Su espíritu, su cultura, se formaron caminando, dialogando, sonriendo, viajando, aprendiendo la filosofía feliz del más profundo, del más viril, del más vital de los escritores colombianos de todos los tiempos. «Posie» Smith es, por eso, una página viva salida de los pensamientos del autor de Viaje a pie, la síntesis de tardes socráticas enmarcadas por uno de los paisajes más poéticos y azules del mundo.

Las libretas póstumas del maestro deben estar llenas de evocaciones sobre la amistad y la errancia de esta pareja de viajeros que tanto se amaban, en lo más sensible de la amistad. Esos viajes contemplativos y largos en que las ideas entraban por los poros naturalmente como el aire o la luz, terminaban en un alegre reposo en Todaspartes entre jugos de naranja y el cariño del maestro por los hijos de Posie, que le decían «abuelito». El maestro, por una afinidad espiritual, bautizó Todaspartes la casa de su discípula, como un rincón del mundo gemelo del suyo en Otraparte, propicio a la morada de los sueños de estos guerreros de la sabiduría.

Rosa María no es, a pesar de todo, lo que se llama una intelectual. Es más que eso, y mejor que eso. Es un espíritu sensible, profundamente inquieto y receptivo a las manifestaciones estéticas y vitales. Una artista, en suma.

Ocasionalmente ha sido actriz en grupos experimentales de Medellín, y actúa con el mismo temperamento y la misma seguridad, indistintamente en español que en inglés. Con perdón de sus compatriotas, creo que es la gringa que mejor habla castellano en Colombia, pues ella, sin olvidar sus orígenes, ha hundido sus raíces en nuestra cultura, en una fusión perfectamente integrada y natural.

Pero su aspecto más creativo, a pesar de su pasión por el teatro, está sin duda en la cerámica. En este arte ha realizado lo mejor de sí misma. En sus manos el barro canta, revela el milagro de que es capaz el espíritu cuando la materia es vivificada por el soplo creador. Este año hará en Bogotá su primera exposición individual con treinta de sus obras.

Posie es, simultáneamente, un espíritu dinámico y contemplativo; la fusión de dos experiencias culturales y sociales. Como «gringa-antioqueña» ejerce su actividad diaria como directora y profesora del Centro Electrónico de Inglés que fundó hace años. Por su Centro desfilan cada tarde centenares de estudiantes junto a los mejores artistas del teatro y de las artes plásticas que van allá a reunirse en torno a una mesa de tintos y a charlar sobre sus cerámicas, sus montajes y sus asuntos. Algunos hasta llevan su última creación para exhibirla en un aula de clases, lo que siempre es permitido. Allá se pueden admirar, en exposición permanente, obras de Rodrigo Callejas, Inés Salazar, Nohemí, Argemiro Gómez, Blanca Restrepo y otros que en conjunto forman el equipo más representativo de ceramistas antioqueños, y sin duda el más valioso de Colombia.

Además de su entusiasmo en plena creatividad, esta mujer es como esos faros que alumbran el porvenir, el destino de unos ideales. Irradia en torno una fuerza y una espiritualidad que atrae, unifica, ordena y pone en marcha la creación, alentándola y fecundándola con su propia pasión.

Sus discípulos, sus amigos, sus colegas, sus profesores, sus subalternos, pues ella es todo a la vez: enseña y aprende, ejecuta y obedece, deben tener opiniones diversas sobre la personalidad y el valor de esta mujer. Algunos deben admirarla por su inteligencia y sensibilidad. Otros por su bondad y sencillez. Y los últimos por su coraje. Pero todos están de acuerdo en que si se filmara una película sobre la amistad, Posie Smith encarnaría sin duda, por sus cualidades en este sentido, los mejores y más bellos atributos del personaje. Y si el cine refleja la vida, todos estarían de acuerdo en concederle un Óscar, no tanto por su actuación, sino por lo de incomparable amiga. Pues, ¿quién que haya estrechado su mano no ha sentido su sinceridad, su lealtad, su noble desinterés, y la palpitación de un corazón afectuoso y solidario?

Esta mujer norteamericana, síntesis espiritual y afectiva de dos países, de dos ciudades, de dos culturas, encarna esas virtudes admirables de nobleza y humanidad que caracterizan a todos los pueblos de la tierra, en lo que esos pueblos tienen de excelentes.

Cuando a veces me sublevo de indignación por la política invasionista y cesárea de los políticos y los millonarios de Wall Street, evoco la imagen dulcísima de esta muchacha gringa, y mi furia se apacigua, pues ella, aunque ama entrañablemente a su país y no sabe nada de política, está siempre contra la violencia, la miseria y las armas, no importa cuál sea la marca de explotación y de guerra, si es Estados Unidos o la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, pues su pasión es la paz, y sus mandamientos los de Cristo, y antepone a todos los intereses económicos, militares y políticos, los inviolables intereses de la dignidad humana, en lo que esta participa de una condición divina.

Por lo que piensa, por lo que es, creo que su única filiación ideológica consiste en un humanismo universal sin odios, sin violencias, sin rivalidades estúpidas, sin cesarismos opresores. Pero estos anhelos de fraternidad, de justicia y de paz, están más inspirados en sus idealismos estéticos y morales que en la sórdida y brutal realidad de la política contemporánea. En cierto sentido, para ella, su jefe político no es Mr. Johnson, sino su Santidad Juan xxiii.

Cuando pienso en seres como Rosie Smith, es imposible gritar Yankee, go home. En este caso habría que saludar Yankee, welcome, y sentir que el mundo es un corazón que se abre a la amistad; que el cielo cabe en unos ojos azules; que la única patria es la que une a dos seres en un diálogo de fraternidad, aquí y en todas partes del mundo, pues en ese diálogo se reconoce que yo soy tú, que tú eres yo, y que somos humanos.

Olvidaba decir que esta mujer, además de ser muy inteligente, es también muy bonita. Y si no lo creen, ver foto amasando barro. Aunque Posie tiene la nariz un poquito grande, su nariz es lo de menos, pues algún defecto debía tener. Después de todo, ella la usa para respirar los perfumes de su jardín, lo que también es una ventaja. ¡Qué diablos!

El reportaje

Señora Smith: en nombre de Cromos, defínase.

¿Quién define a una mujer? Ni ella misma. Pero Fernando González la definió así: «La mujer es una esclava del amor. Qué deliciosamente frívola».

¿Usted se considera «deliciosamente frívola»?

Soy frívola a ratos, especialmente después de que dicto mis clases de inglés, para descansar de sentirme inteligente.

¿Y se siente «esclava del amor»?

Me siento esclava del amor, pero también libre de elegir esa esclavitud.

¿Cuál es su mayor ambición en la vida?

Realizarme como mujer y como artista.

¿Cuál es su mayor fracaso?

No sé medir mi vida en términos de fracaso o de éxito.

¿Cuál es, entonces, su mejor cualidad?

La ingenuidad.

¿Y su peor defecto?

Si no me equivoco, la ingenuidad también.

Rosa María, si existiera la reencarnación, ¿qué le gustaría volver a ser?

Otra vez yo.

¿En qué pensaría cinco minutos antes de su muerte?

En que la vida es demasiado corta.

David Lawrence, el gran escritor inglés, tiene un ave Fénix sobre su tumba como símbolo de resurrección. ¿Usted qué ave haría poner sobre la suya para simbolizar esa fe en la inmortalidad?

Un búho de barro, sin alas, pero con ombligo.

¿Qué significa para usted el amor?

Todo.

¿Qué piensa de los celos?

Son una enfermedad como la peste: si no matan, fastidian un rato y luego desaparecen.

¿Llegaría al extremo de cometer por amor «un crimen pasional»?

Creo que llegaría a cualquier extremo desde que este no destruyera el amor.

¿Qué porcentaje le asigna al amor como «factor sexual» y qué porcentaje a los «valores morales»? (Responda en cifras y no mienta).

En el amor no sé distinguir el «factor sexual» de los «valores morales». Simplemente amo sin hacer esos cálculos.

Si Cristo dictara una conferencia en el Museo Nacional sobre la educación sexual de la familia, ¿qué le pasaría?

Pues tal vez lo volverían a crucificar.

¿A qué escritor contemporáneo le daría el Premio Nobel de Literatura?

A Fernando González, aunque él no lo aceptaría.

¿Por las mismas razones políticas de Sartre?

No, por las razones espiritualistas de Fernando González, y entre otras, porque no tenía frac.

Cite cinco libros que más admira y han influido en su vida.

El remordimiento, de Femando González. El cuarteto de Alejandría, de Lawrence Durrel. La crucifixión rosada, de Henry Miller. El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, y Libro de los viajes o de las presencias, de Fernando González.

¿Qué es lo que más abomina del siglo xx?

Los plásticos y las guerras.

¿Por qué razón le gustaría vivir en el siglo xxi?

Para no morir en este.

¿Iría a una guerra contra el comunismo para defender lo que llaman la cultura del capitalismo occidental?

No iría a la guerra en defensa de ninguno de los actuales sistemas o culturas. No salvo a nadie de los que hacen guerras, los condeno a todos, la guerra es inhumana.

Rosa María, ¿de qué se siente orgullosa?

De los seres que amo.

¿Sacrificaría su vida por lo que llama su «razón de vivir»?

Vivo por lo que amo. Morir por ello sería ridículo.

Posie, perdone esta pregunta poco delicada, pero dígame, si usted fuera un caballo, ¿qué pensaría de los hombres?

Muy sencillo: si yo fuera un caballo, pues entonces sería yegua, y no pensaría en los hombres sino en los caballos.

Muy bien, Posie, con esa inteligencia usted se ganaría el Premio D’Ervey de Inglaterra. Y a propósito, ¿cuáles son sus deportes favoritos?

Los toros, la culinaria, la velocidad y, si es domingo, la pereza.

¿A qué personaje de la historia le habría gustado conocer personalmente?

A Jesús.

Si usted fuera al infierno (es un decir), y el diablo le concediera una gracia, ¿qué le pediría?

Que me indicara en qué lugar del infierno podría encontrar a mis amigos.

Con quién de estos artistas le gustaría estar en una fiesta: ¿Picasso, Chaplin, Sartre, Mastroianni, Elmo Valencia, Henry Miller, Cassius Clay o el Agente 007?

Con Cassius Clay en los «pesos pesados», y con Elmo Valencia en los «pesos plumas».

Si tanto admira a los pesos «plumas» de nuestra literatura, dígame Posie Smith, ¿qué valor tiene para usted el nadaísmo?

Admiro su rebeldía, su pureza, su literatura optimista y desesperada, y su gran amor a la vida por encima de todo.

Posie, ¿le habría gustado ser Beatriz Portinari, la amada del Dante?

No, porque según leí en la prensa, «Beatriz era partidaria del control de la natalidad», y yo adoro a mis hijos.

Cite la frase que más admira y ha influido en usted.

«El amor es el encanto del viajero, el encanto de todo lo que vive, la ilusión de todo lo que existe, desde el átomo hasta Dios» (Femando González).

Cromos, n.° 2.537, Bogotá, 16 de mayo de 1966, pp. 24-25.

Fuente:

Arango, Gonzalo. Reportajes (tomo i). Editorial Eafit / Corporación Otraparte, Biblioteca Gonzalo Arango, Medellín, 2021.

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