Las Máximas de Gonzalo Arango

Por Angela Mary Hickie (Angelita)

Para muchos, sigue siendo un misterio la transformación que tuvo Gonzalo Arango en la última etapa de su vida. Como testigo de primera mano, contaré lo que vi a cerca de ese cambio durante los siete hermosos años que viví al lado del Profeta. Se dice que el temido, rebelde y polémico fundador del nadaísmo se tornó místico, convirtiéndose en un manso cordero, en un amante de Cristo, que se deshizo de su movimiento, de sus seguidores, de sus libros, de su pasado y con su pelo al viento recorría feliz los campos de Colombia. Es cierto.

Las veces que vi a Gonzalo reflexivo y le preguntaba en qué pensaba, siempre daba la misma respuesta: “Estoy pensando cómo ayudar el mundo de la manera más efectiva”. Soñaba con hacer su último y más trascendental libro que es el de las ‘Máximas de Gonzalo Arango, Oráculo del Profeta’ que fue publicado hace apenas dos años, en español e inglés, con dado incorporado, conmemorando los cuarenta años de su partida, luego de una minuciosa selección de las sentencias más apropiadas y sabias de su obra, la gran mayoría escogida de los libros, cartas y escritos inéditos de sus últimos años. Tomado del periódico El Tiempo de este año es la apología que hace el antiguo nadaísta, Jotamario Arbeláez, en la solapa de la obra:

“Este volumen azul (con su dado siempre a mano) es un manantial de pensamientos hermosos a manera de un oráculo. Con uno que se lea cada día, tiene el espíritu... una especie de I-Ching a nuestra medida”.

“This blue volume (with its dice always handy) is a source of beautiful thoughts in the form of an oracle. With one that you read every day, you capture the spirit... a kind of I-Ching cut out for us”.

Resulta que en su primer manifiesto nadaísta, aun antes de conocer a los que serían sus discípulos durante los próximos catorce años, ya profetizaba la trascendencia del movimiento, escribiendo:

El Nadaísmo no es por lo tanto un sistema cerrado e incapaz de evolucionar hacia una cultura superior. Por el hecho de nacer, implica que empieza a revolucionar y a cumplir hasta donde sea posible sus fines propuestos. Declinará cuando esos fines den nacimiento a una nueva cultura para después cerrar su ciclo Negativo – Positivo.

Luego de peregrinar por medio planeta en busca del amor, conocí a Gonzalo. Como tenía que ser, lo encontré en un lugar paradisíaco y supe inmediatamente que él era la persona que esperaba tan arduamente hallar. En ese momento de su vida el Poeta estaba en una encrucijada, confiando que algo trascendental ocurriera. Cuando aceptó la invitación a San Andrés Islas para participar como jurado en el primer Festival musical del Coco, andaba en pos de nuevos horizontes y vio la oportunidad como una puerta abierta. Sólo días antes, en la carta a un amigo, había confesado:

Mi alma está vacía, sin objeto, un huérfano sin la carne, sin alas... Me arrastro y sobrevivo. Y algo sin nombre, pero un enemigo, conspira contra mí. No es pesimismo; es un otro peso absoluto y aplastante, casi una indiferencia ante la muerte. Yo mismo estoy asombrado de sentir esto, tan ajeno a mi optimismo trágico, a mi absurda y feliz pasión por la vida...

En Bogotá compartimos un apartamento lleno de flores y comenzamos una bella vida juntos. Una tarde, el Poeta regresó a casa preocupado. Al verlo así, le pregunté: “¿Qué es lo que pasa?”. Me respondió: “He tenido que sentarme toda la tarde haciendo antesala a un gerente esperando que me diera un aviso para financiar nuestra revista, Nadaísmo 70”. Al día siguiente apareció con un semblante radiante, y dijo: “Renuncio..., no lo necesito. El inventico ya cumplió su ciclo”. En ese instante, no sólo abandonó la revista sino al movimiento también. Fue el cambio de la marea. “Soy, seré y siempre he sido fiel a mí mismo, el que se juega todo hasta la desesperación por una verdad, una esperanza, una certeza de vida verdadera”, afirmó.

‘Si lo que haces te hace
infeliz, haz lo contrario’.

La reacción de la gente fue enérgica, algunos intentando convencerlo de que se desistiera de semejante locura, mientras que otros le escupían en la cara por la calle en completo disgusto y decepción, llamándolo traidor y desertor. Con humildad y paciencia perdonaba a todos:

‘La verdadera santidad es la que acepta
la ofensa como condición necesaria a
la existencia del perdón’.

Su situación se puede comparar con la de un pato sacudiéndose las plumas vigorosamente para deshacerse del agua. El Profeta, sin mirar atrás, volteó la página y se enrumbó hacia un nuevo destino. Muy pocos podían entender de qué se trataba. Para él no había regreso posible. ¿Acaso San Francisco de Asís ha podido retornar a su libertinaje o a vender telas en el almacén de su padre después de su conversión, o San Pablo volver a la masacre de cristianos luego de haber visto la luz? El Poeta aseguró:

‘El último paso para llegar a la luz es saber
que no se puede regresar a las tinieblas’.

En seguida, quiso aislarse de la ciudad a un lugar tranquilo y campestre. En las afueras de Villa de Leyva, un pueblo rodeado de monasterios y espiritualidad, encontramos un refugio, una casa colonial. Recogida entre montañas en una tierra de fósiles y dinosaurios, la aldea iba a ser nuestra pacífica retirada del mundo social. La calle aún destapada conducía a las montañas por donde tantas veces subíamos para admirar la belleza del paisaje en todo su esplendor. De igual manera solíamos andar por el inmenso desierto, Gonzalo con lápiz y papel en mano, apuntando lo que las musas le inspiraban para luego convertirlo en poemas. Reinaba el silencio en aquel lugar. En el patio de nuestra casa mi compañero pasaba largas horas meditando en un rincón, sentado sobre su piedra filosofal. Lejos de las vanidades de la fama, la ambición y el mundo del ego, declaró la guerra contra los vicios para que, a través de reconocer las imperfecciones con amor y sacrificio, una luz nueva brillara en el alma.

‘El hombre nuevo no surge por decreto de Estado. Tiene que nacer de cada uno. ¿Cómo? Haciendo sacrificios del ego, matando el hombre viejo que impide el renacimiento’.

En otra carta explica:

Me divorcié de la muerte justo a tiempo. La muerte era gloria y poder, ego y racionalismo. Mi vida era casi una tumba, un manicomio. Toda esa ilusión ha terminado. Ahora me balanceo como un ángel bajo la tempestad entre dos truenos y dos abismos. Ya no pertenezco al tiempo, ni al futuro ni al pasado, sino al momento eterno... He renunciado a la lucha por la vida que me estaba matando. La vida es para vivirla, no para luchar. El ave no pelea por su fruto y por su nido, por amor y por la hembra. Encuentra todo esto por el camino del vuelo. El hombre debería ser lo mismo y no pelear ni matarse para poder comer y trabajar. Eso es estúpido. Todo lo que tenemos que hacer es simplemente sembrar y cultivar, hacer cultura de las flores y semillas de las frutas, no cultura de racionalismo y fusiles. No he llegado ni he fracasado. Basaba mi vida en análisis mental; por eso casi no vivía. Me tropezaba. Ahora no pienso en vivir. Estoy realmente vivo; vivo de amor y de milagros...

‘De cada abismo parte un camino’.

El Poeta estaba en su elemento, liberado del intelecto que lo había tenido al borde de la desesperación: “No me cabe un libro más en la cabeza!”, exclamó. “¡Si sigo leyendo me voy a enloquecer!”. Se vestía con poncho y cotizas como los campesinos de la región, relacionándose con la gente más modesta, llevándoles mercado, conversando y compartiendo su tiempo con ellos. Deambulábamos en las cálidas noches por las calles del pueblo bajo la luz de los faroles alumbrando en cada puerta, para luego sentarnos en las escaleras del convento de las monjas carmelitas y escuchar sus cantos antes de que tomaran sus votos de silencio hasta el otro día.

‘Amar las cosas puras y simples de la vida: contemplar una colina, una noche estrellada en el campo, compartir la amistad, amar el silencio’.

Un día antes de partir, Gonzalo me dijo: “Ya no escribo más porque la gente aún no ha entendido el mensaje. Pasarán por lo menos unos cuarenta años para que esto suceda”.

El Poeta irradiaba luz y felicidad porque había roto las cadenas que lo ataban, y ‘libre de todo y de sí mismo, voló al infinito’.

Fuente:

Comunicación personal, 22 de septiembre de 2018.

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Máximas de Gonzalo Arango - El oráculo del profeta

MaximasdeGonzaloArango.com

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