Aquí es la Tierra

Si alguna vez perdí el paraíso fue culpa de la manzana que me prometió la sabiduría y la belleza.

No existe el exilio.

Para vivir me basta vivir aquí, entre la Tierra y las estrellas, bajo estas nubes que amo, habitante de este aire que respiro, la luz que me define.

Nada encuentro digno de maldecir, como no sea la ingratitud del hombre hacia el milagro de su ser.

No aspiro a otros mundos ni a otros cielos. Me basta la porción de maravillas que me asignó la Vida: un lecho para soñar, un cuerpo para amar, un corazón para creer, dos manos para bendecir y crear de la nada el infinito.

Porque la Tierra no es, después de todo, sino el pequeño terrón que uno modela a imagen de sus sueños, día a día, con humildad y adoración.

A eso llamo ser fabuloso: iluminar el barro de sentido, dejar en el aire la caricia que honró la vida.

Eso somos: dejar de ser eternamente. Chispas de silencio en la noche. Transeúntes de un reino que es y no es, donde el Dragón y el Arcángel inventaron la muerte y la belleza, la sed y el agua.

Aquí es la Tierra pero aún no hemos llegado.

Aquí nos mandaron los dioses a jugar este juego de días y nubes que pasan bajo el eterno astro del Existir.

Fuente:

Arango, Gonzalo. Todo es mío en el sentido en que nada me pertenece. Plaza & Janés, Bogotá, primera edición, agosto de 1991, pp. 238 - 239.

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