
Gonzalo Arango - Foto revista Cromos
El nadaísmo, que nació por cesárea en la mente privilegiada de nuestro “profeta”, fue una aventura colectiva en que toda una generación de poetas aprendió a poner los valores de la vida por encima de los valores de la bolsa. ¿Le queda algo por hacer a un terremoto después de que cesa, o a un rayo después de que cae, o a un huracán después de que pasa? Sobre los escombros del comportamiento social y el sopor estilístico imperantes entonces y que sucumbieron a nuestro embate, nos queda esperar que los arquitectos de las modernas utopías pongan firmes cimientos y empiecen a levantarlas. Hemos abonado la tierra para cualquier milagro concreto.
Jotamario Arbeláez
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