El poeta X-504: un artista
con placa de carro

La bestia más obscena, la más cobarde,
la más feroz: la bestia humana.

El personaje

Pago con la cabeza al que le saque un reportaje al poeta nadaísta X-504. Es muy posible que este sea el primero y el último de su vida. Por eso lo que dijo tiene un carácter de algo definitivo, de testamento “para la inmortalidad”.

Pienso que lo único que se parece a X-504 es un ombligo. Pues, ¿qué hay de más solitario en el mundo que un ombligo? Me imagino que Dios. Pero Dios no es de este mundo. Quiero decir, este poeta es la suma de la soledad. Si él soñara en una Tierra Prometida, su sueño sería, estoy seguro, una isla desierta.

No hace de la soledad un mérito, ninguna ostentación, ni siquiera una desgracia. En él es lo más espontáneo de su naturaleza. Su soledad es natural como un terremoto, simple como el huracán y la guerra. La acepta sin desgarramientos, sin el peso de un castigo o de una cruz. No es un valor del alma, sino una fuerza del instinto.

Por eso mismo considero una hazaña vulnerar la intimidad de este hombre que vigila su soledad como una ciudadela, y la defiende por igual contra los intrusos y los amigos. Y también porque es el único de los escritores nadaístas que no busca la fama ni la fulguración de su nombre. Está pleno de sí mismo, de sus valores humanos y poéticos, y su imaginación le basta para sentir y presentir las consecuencias de su aventura espiritual.

Si la fama tiene interés en X-504, tendrá que ir a buscarlo a su retiro, en la soledad de su agujero. El no se desespera. Vive como si la eternidad tuviera tiempo de esperarlo mientras él se dedica a vivir.

La primera vez que le propuse este reportaje me dijo entre indiferente y despectivo que no le interesaba. Yo sabía que era cierto su desinterés, pero insistí. La segunda vez apelé a la vieja y gloriosa amistad que nos une (tan vieja que ya casi vamos a cumplir las bodas de plata), y le dije que este reportaje era algo así como un homenaje de despedida. Me confesó que no le interesaban “los homenajes”, que para despedirnos bastaba con un tinto, o simplemente decirnos adiós. Estuve a punto de ser vencido por las razones de su nobleza, pero insistí por última vez. Entonces hice chantaje y le dije toda la verdad: “Poeta, es necesario hacer este maldito reportaje porque no tengo con qué pagar el arriendo”. Puso cara de entierro y dijo de mala gana: “Bueno, esta sí es una razón ‘de peso’. Ya que no hay más remedio hagamos tu maldito reportaje, pero te advierto que yo no sé hacer frases inteligentes como tú”.

Yo le dije: “De eso no te preocupes, nosotros haremos lo posible, y el Espíritu Santo hará el resto”.

Si fracasamos, querido poeta, no es culpa nuestra, sino de la Santísima Trinidad por pasársela politiqueando, inspirando a los candidatos del Frente de Transformación Nacional y al doctor Lleras Camargo, para que salven a Colombia del comunismo y del general Rojas Pinilla.

De X-504 se dice que es el mejor poeta de nuestra generación nadaísta (con perdón de los otros mejores). Es silencioso como un secreto; misterioso como una cita de amor; solitario y profundo como un río profundo. Su seudónimo de placa de carro se debe a su desprecio por la popularidad, y también para que su patrón no lo echara del puesto al enterarse de que era poeta, y además nadaísta. Eso fue lo que me dijo. Pero yo creo que la causa de ese seudónimo es por otra razón: es para ocultar su verdadero nombre de cacharrero antioqueño: don Jaime Jaramillo Escobar. Con razón. Yo pregunto: ¿ustedes leerían a Shakespeare si se llamara Misael Vélez? Yo, ni de vaina.

Pero volvamos a X-504. Este poeta andino fue expulsado de todos los colegios donde quiso graduarse de imbécil. Al fin se convenció que era más indeseable que un taco de dinamita, y también más peligroso, y se cansó de ser inteligente.

Es el más raro de todos los nadaístas, pues trabaja ocho horas al día, cobra quincena, le paga impuestos al Estado religiosamente; tiene cédula, libreta militar, un certificado falso de buena conducta y los otros papeles de identidad. Nunca lo han metido en la cárcel porque es muy metódico y ordenado; por fuera no tiene cara de sospechoso, ni de apache, ni siquiera de nadaísta, pues se hace motilar todos los sábados, lee la revista Cromos en la peluquería como cualquier parroquiano que se respete; paga el arriendo (también religiosamente) el último día de mes, y hasta comete la decencia de girar cheques con fondos. El mismo se embola todas las mañanas antes de salir para el trabajo, y a las 8 en punto marca su tarjeta y le da los buenos días al patrón. Almuerza en lóbregos restaurantes para clase media donde no corra peligro de encontrarse con intelectuales, ni con poetas que tengan el desayuno envolatado. De las mesas siempre elige para sentarse la que está en el rincón. No habla mientras come, pero tampoco es glotón. Se diría que come de mala gana, para echarle combustible a la máquina. No fuma, no bebe, no asiste a fiestas de intelectuales ni de sociedad. Su vida es, en todo, la de un anacoreta, salvo pequeñas aventurillas eróticas que cumple, no digamos arrojado en los hornos de la pasión, sino para estar a paz y salvo con la naturaleza. Pues hasta en esto del sexo él paga sus “deudas” religiosamente. De noche, a la hora en que se encienden los neones, sale de su oficina como cualquier gerente antioqueño con un cartapacio de cuero lleno de papeles y de problemas para resolver en la casa. No se crea que cobra horas extras. Es que tiene un sentido católico y antioqueño del deber. Yo siempre le reprochaba su ascetismo y su laboriosidad como un par de virtudes imbéciles. Pero él era indomable. Peor para él. Nunca pide que le suban el sueldo, de eso se encargan sus jefes. El día menos pensado, si antes no lo destituyen del puesto “por raro”, es el jefe de todo, y ha concentrado en sus manos los poderes claves de la empresa donde trabaja, y se vuelve el dictador del orden y la eficiencia. Sus subalternos lo admiran y le temen a la vez como a un ídolo tenebroso y bondadoso, aunque yo creo que en estas cosas del deber es más cerebral que tierno. ¡Qué tipo! En el trabajo nunca ríe. En las oficina, a toda hora, tiene cara de mala noticia. No es déspota, pero tampoco perdona. En el fondo, es un moralista. Podría ser, perfectamente, el presidente de la Inquisición del siglo XX. Pero no para mandar a la silla eléctrica a las víctimas, sino a los verdugos. Estoy seguro que firmaría sin ningún escrúpulo la pena capital contra todos los canallas de nuestra civilización, y me reservo el derecho de señalarlos, pero ustedes saben quiénes son, empezando en las estepas rusas y terminando en las praderas de California, etc...

Olvidaba decir que X-504 al ser expulsado del colegio Juan de Dios Uribe de Andes, se hizo pasar por conservador, y obtuvo el nombramiento de inspector de policía de Altamira, un corregimiento antioqueño. Era la época de la violencia. Ejerció su mandato con un éxito desastroso, pues a pesar de tener revólver, no mató a nadie. Pero escribió un libro: Poeta con revólver.

Sindicado de comunista porque no mataba a los liberales, fue acusado por los devotos del Corazón de Jesús por ateo, y destituido por un decreto fulminante.

De fracaso en fracaso nuestro buen sheriff sobrevivió a sus rebeliones hasta que hace siete años encontró el nadaísmo y un puesto directivo, como a él le gusta, en el arte y la locura de nuestra generación. Aunque el nadaísmo no ofrece dividendos sino pérdidas, allí ejerce su bella poesía tenebrosa como un profeta del trópico, como un santo apocalíptico.

Hasta hace poco, el poeta X-504 era un directivo de la editorial Tercer Mundo donde se ganaba un platal. Pidió ocho días de descanso para ir al mar. Sus compañeros nadaístas de la Costa lo invitaron a Barranquilla y pasó feliz. Regresó a Bogotá para renunciar a los miles de pesos y a sus responsabilidades en Tercer Mundo. Publicó un clasificado en los periódicos para vender sus chécheres; me regaló una calavera que nadie le quiso comprar, y se marchó a Barranquilla a fundar sus cuarteles de verano. Al sol de hoy debe andar por las calles de la ciudad costeña con sus viejos blue jeans, una camisa azul-marino con una gaviota volando en su pecho; yendo a matinée doble en teatros al aire libre con negritos que le dirán “seño”; el alma ligera y el corazón feliz de no tener empleo, haciendo y amando como le da la gana, cuando le da la gana, y no pensando, pero locamente feliz.

Querido Poe X-504: recuerda nuestro frío, este cielo de ceniza y ruega por nosotros los intelectuales. Amén.

El reportaje

Poeta X-504: defínase

Soy un cínico

¿Qué importancia tiene en su vida la soledad?

Para mí no hay mejor compañía que la de Jaime Jaramillo Escobar.

¿Cree que la poesía lo llevará a alguna parte? ¿A dónde?

La gloria me importa un pito; mi triunfo va por otro camino.

¿Qué camino?

Yo, solo, compitiendo conmigo mismo. Yo, solo, porque Dios murió en una tragedia de Shakespeare disfrazado de mujer. Fue la venganza de Shakespeare. Pero Shakespeare también murió, está en el infierno: fue la venganza de Dios.

Poeta ¿es que usted cree en el infierno?

Sí, el infierno existe: es la venganza que cada uno quiere ejercer sobre los demás.

¿Cuáles son sus relaciones religiosas con Dios?

Dios existe, pero yo también existo. Parodiando a Coccioli, es muy fácil existir siendo Dios, pero es mucho más difícil y por consiguiente de más mérito, no siendo Dios, existir.

¿Qué ha hecho el nadaísmo por su vida?

El nadaísmo no cambiará al mundo, pero sí me cambiará a mí. Es imposible pedir más.

¿Qué ha hecho usted por el nadaísmo?

Hice de la poesía un crimen perfecto. ¿Le parece poco?

Poeta X-504: ¿cuál es el secreto de su estilo? ¿Cómo escribe sus poemas?

El secreto de mi estilo no tiene ningún secreto, pero está en que escribo desnudo; un hombre desnudo es sincero y vulnerable. En cambio el poeta que escribe vestido deja de ser puro, se vuelve un literato.

¿Cuál es, sinceramente, su mayor defecto?

Mis defectos nunca son míos, sino de los demás.

¿Qué piensa de los críticos?

Yo no creo en los críticos. Si un poema mío es bueno o malo, eso no lo dice la gente, lo digo yo.

Poe, si usted “por desgracia” tuviera un hijo, ¿qué le gustaría que fuera?

No tengo ningún interés en hacer hijos; es mi acto de protesta contra la humanidad.

¿Qué significa el amor en su vida y en su obra?

Nada. El amor es para las mujeres y para los poetas.

¿No le gustaría, por ejemplo, tener una aventura amorosa con Brigitte Bardot?

No, me daría miedo, la belleza de esa mujer es aterradora. Y además, mi concepto de la estética me impide juntar dos cuerpos que no sean igualmente bellos.

¿Llegaría al extremo de cometer, por alguna razón, un crimen pasional?

Sí. Pues lo que más necesita una persona es otra persona, aunque sea para asesinarla. Incluso, se puede poner en eso mucha ternura. De todos modos, el placer no está en matar, sino en el refinamiento.

Después del crimen vendría el castigo. ¿Qué diría para defenderse?

Después del crimen me pondrán preso, poco después me juzgarán, me llevarán a una sala en donde previamente se habrán reunido. El juez dirá lo que tiene que decir, y cuando el jurado de conciencia aplauda, apagarán las luces de la sala para que brille la justicia. Entonces, todos quedarán asombrados con los últimos adelantos de la General Electric...

¿Cómo torturaría a la persona que más odia?

No odio a nadie, porque “odiar es sufrir”, y el sufrimiento —como dijo Durrel en Justine— además de ser una enfermedad, es también una manifestación aguda de autoimportancia. En realidad, la pregunta debiera ser: ¿cómo torturar a la persona que más ama?

Está bien. ¿Cómo la torturaría?

Primero que todo —para ser absurdamente lógico— tendría que enamorarme, y luego sí inventar un nuevo sistema de tortura, pues los que ya conozco me parecen ridículos e insuficientes para torturar al ser amado.

Poeta, cite la frase que le hubiera gustado escribir y que más ha influido en su pensamiento.

“La bestia más obscena, las más cobarde, la más feroz: la bestia humana” (Sartre).

¿Cuál ha sido el autor más negativo, el que más lo ha perjudicado?

Indudablemente, San Francisco de Asís. Cada día es más peligroso ser bueno. Hoy, el que no hace el mal, le toca recibirlo.

¿Dispararía un fusil para defender valores como la justicia y la paz?

No, de ningún modo. La única manera de lograr la justicia y la paz sería que nadie disparara un arma para defenderlas.

¿Sacrificaría su vida por lo que llaman “un ideal”?

No sacrifico mi vida por nada.

¿Por qué razón llegaría a suicidarse?

Uno nunca se suicida por razones, sino por sinrazones. Pero confieso que para suicidarse hay que ser orgulloso. Los humildes nunca se suicidan.

Eso quiere decir, entonces, ¿que usted es humilde, modesto?

Para mí la modestia es complejo de inferioridad, y yo no me siento inferior, ni tengo complejos...

Poeta, su timidez es la más famosa de la literatura colombiana. Todos los amigos se quejan de eso, hasta los nadaístas.

Peor para los nadaístas. Además, ¿cuáles amigos? Yo casi no tengo amigos. El que tiene muchos amigos es porque está al nivel de muchos. En cuanto a que soy tímido, no lo niego, pero en mí no se trata de un complejo. Es que yo llamo timidez al respeto por los demás, y desde este punto de vista me parece conveniente ser un poco tímido.

¿En qué lugar del mundo quisiera ser enterrado?

En el mar.

Poeta X-504: escriba desde ya un epitafio para su tumba.

“Aquí vive Jaime Jaramillo Escobar”.

¿Qué consejo le hubiera dado a Camilo Torres, antes de su muerte?

Que ruegue por nosotros...

¿Cuál sería para usted el Once Mandamiento?

¡No matar!

Poeta, si mañana estallara la guerra atómica, ¿qué haría hoy?

No hacer reportajes.

Gonzalo Arango

Cromos Nº 2.538. Bogotá, mayo 23 de 1966, pp. 24 - 25.

Fuente:

Reportajes, Vol. 1. Editorial Universidad de Antioquia, Medellín, octubre de 1993, pp: 116 - 124.